Desde hace unos años vienen adquiriendo cada vez un mayor protagonismo las retransmisiones de óperas en los cines. Por un precio que oscila entre los 12 y los 21 euros, según se trate de diferido o directo, se pueden seguir parte de las temporadas del Metropolitan o el Covent Garden y, entre palomitas, patatas y coca colas, hacerse uno a la idea de estar en los foyer de los respectivos teatros. Se trata de una clara alternativa para el público que, eso sí, ha de saber elegir el local para poder disfrutar convenientemente, ya que son notables las diferencias en la calidad de sonido e imagen entre unos cines y otros. En estos últimos meses hemos podido disfrutar de esta forma de espectáculos tan atractivos como «Andrea Chenier», en lo que ha sido el debut de Jonas Kaufmann en el papel, o «El holandés errante», con Bryn Terfel. Hoy mismo se podrá asistir a «La donna del lago» con Joyce DiDonato, Juan Diego Flórez y Daniela Barcellona desde el Met, teatro desde donde también se ofrecerá en abril el doblete de «Pagliacci» y «Cavalleria rusticana» con Eva-Maria Westbroek, Marcelo Álvarez y Zeljko Lucic. Peter Gelb, director del Met, apostó por estas retransmisiones, que proporcionan al teatro un público adicional de tres millones de espectadores y unos beneficios de más de un millón de dólares. Dato curioso es que el 50% de los 20€euros de cada localidad en el cine va a parar a las arcas del Metropolitan. A las más de cuatro mil personas del aforo del teatro, uno de los mayores del mundo, se unen casi 300.000 personas en cada retransmisión. Es evidente que los teatros se han quedado pequeños, que sus costes se han elevado astronómicamente y que, afortunadamente, se han abierto nuevos caminos, tanto para su financiación, como para facilitar el acceso al género a un público que no puede abonar los doscientos euros de una butaca. Tanto se ha extendido esta nueva opción que se nos ha llegado a insinuar a los críticos que deberíamos asistir con normalidad y escribir nuestras opiniones, cosa que hoy por hoy no se efectúa, pero que lo mismo cambia con el tiempo. Sin embargo, no es oro todo lo que reduce y los aún pocos años del experimento parecen estar demostrando que lo que se gana por un lado se pierde por otro, que se llenan los cines y se vacían los teatros. Tanto es así que las dudas sobre la repercusión económica de estas retransmisiones se han dejado sentir en las discusiones durante la última crisis del Metropolitan entre Gelb y los sindicatos. El mismo Nicolás Joel, hasta hace poco director de la Ópera de París, siempre se ha mostrado contrario a la iniciativa y su sucesor, Stéphane Lissner, justificó esta opinión en esa reciente y controvertida entrevista en la que dejó al descubierto sus carencias musicales. En tiempos de apretarse el cinturón parece claro que el desplazamiento era inevitable. El tiempo dirá.

Fuente: Gonzalo Alonso La Razón

 

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