Un estudio revela inesperadas conexiones entre ciencia y arte.

pintura y óptica

Grupo de hombres en una botica, pintura de Cornelis de Man (1621-1706) que muestra un vivo manejo del color y la perspectiva, fruto de su interés por los fenómenos ópticos. Los tres personajes centrales discuten, con toda probabilidad, sobre química; al fondo, un laboratorio. (Museo Nacional de Varsovia)
¿Qué tiene en común el famoso pintor flamenco Johannes Vermeer y el gran microscopista Anton van Leeuwenhoek? Esta es la pregunta de la cual parte un reciente estudio publicado por Huib J. Zuidervaart, del Instituto Huygens para la Historia de Holanda, y Marlise Rijks, de la Universidad de Gante. La respuesta obvia es que ambos son holandeses, pero resulta más llamativo el hecho de que, además, Vermeer y Van Leeuwenhoek vivieron y trabajaron en la misma ciudad, más o menos por la misma época. Esa ciudad es Delft, en la parte meridional de Holanda y a medio camino entre Rotterdam y La Haya. En el siglo XVII, esta población era la cuarta más grande de la república flamenca (con alrededor de 20.000 habitantes) y, además de destacar por su industria de cerámica, era ampliamente conocida por ser una de las sedes de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

Según el estudio de Zuidervaart y Rijks, publicado en The British Journal for the History of Science, Delft se convirtió en un importante «nodo» de conocimientos prácticos en óptica, posiblemente reconocido en otras latitudes. Los autores llegan a esta conclusión tras seguir la pista de tres figuras locales, «menores» desde el punto de vista histórico: el cirujano, topógrafo, notario y erudito Jacob Spoors (1595-­1677), el fabricante de lentes Evert Harmansz Steenwijck (1579­-1654) y el ingeniero militar Johan van der Wyck (1623­-1679). Los tres compartían un profundo interés por la óptica.

Madiante el estudio de estos personajes, integrantes de lo que los autores denominan una red de pensadores afines, el trabajo arroja luz sobre la forma en que las ideas científicas se fueron extendiendo por las diferentes sociedades de la época. Asimismo, muestra que en el pasado no existían fronteras claras entre las disciplinas, y que eruditos y estudiosos estaban interesados tanto en temas artísticos como científicos.

Una ciudad en movimiento

Delft vivía por entonces su edad de oro. Económicamente pujante y con viajeros provenientes de diferentes latitudes, era reconocida por sus hábiles artesanos, por ser un centro cultural y artístico, y un fiel representante del arte flamenco. Es en este ambiente intelectual donde, hacia 1650, varios artistas experimentaron en sus obras con elementos ópticos y geométricos avanzados.

Encontramos prueba de ello en algunas pinturas, donde se aprecian complicados efectos visuales y una perspectiva depurada, así como el manejo especial del color, usando tonos más vivos y creando contrastes complejos entre luz y sombra. Esto ha intrigado a los historiadores del arte. ¿Por qué aquellos pintores decidieron adentrarse en los terrenos de la óptica?

Eruditos y artesanos

Existen pruebas documentales del gran interés en los fenómenos ópticos que existió durante el siglo XVII en la república holandesa. Este fenómeno se debió al influjo de la nueva filosofía natural y el naciente método experimental presentado y defendido por pensadores y filósofos como Galileo, y fue estimulado por la invención de instrumentos ópticos como el telescopio y el microscopio. Después de su invención, el telescopio se esparció rápidamente por toda Europa. Harmansz Steenwijck, experto pulidor y fabricante de lentes, en 1610 era uno de los pocos ópticos en Holanda y el único en Delft. Probablemente construyó el primer telescopio del que se tiene noticia en el país, que hoy se conserva en la Universidad de Leiden.

Numerosos filósofos naturales encargaron telescopios a Steenwijck. Uno de ellos fue posiblemente el notario, topógrafo y matemático Jacob Spoors, quien poseía uno entre sus pertenencias. Aunque en sus documentos no se especifica quién fue el fabricante del instrumento, es probable que fuese el mismo Steenwijck, ya que vivían a pocas calles de distancia y debieron conocerse. Mediante este telescopio, Spoors observó varios fenómenos astronómicos: las fases de Venus, las «montañas» de la Luna, las manchas solares y las cuatro lunas de Júpiter. Sin embargo, el buen desempeño del aparato propiedad de Spoors no era común. En efecto, muchos astrónomos de la época se quejaban, en cartas dirigidas incluso al mismo Galileo, de que ni en París, Ámsterdam o Venecia podían encontrarse telescopios que permitieran llevar a cabo observaciones satisfactorias. En general, hacia 1630, escaseaban artesanos capaces de fabricar lentes de buena calidad. Ello convierte a Steenwijck en un caso especial.

En una de sus obras, Spoors menciona ese telescopio y utiliza las observaciones para difundir sus posturas filosóficas altamente impregnadas de las nuevas ideas que circulaban por la Europa del momento. Señala la importancia de la naturaleza como fuente de conocimiento, haciendo énfasis en la utilidad de las matemáticas y la óptica. Considera que observar con los propios ojos y con las herramientas que extienden los sentidos es igual de importante que razonar. Además, defiende las matemáticas y la nueva filosofía natural, como herramientas divinas para estudiar la naturaleza. Enfatiza también la gran importancia de la proporción y la medida en todas las artes y profesiones tales como la música, la medicina, la retórica, la construcción naval, la arquitectura y, por supuesto, la pintura, donde es especialmente importante emplear las justas proporciones para alcanzar una verdadera belleza, ya que son ellas las que permiten diferenciar una imagen «ideal» de una «monstruosa».

La devoción de Spoors por las justas proporciones se observa también en su rápida aceptación del modelo heliocéntrico Copernicano, el cual, en su opinión, reflejaba mejor «la verdad venida de los cielos», pues era más perfecto y ordenado. Asimismo, estaba impresionado por el trabajo de sus contemporáneos Galileo, Kepler y Tycho Brahe, a los que se refería como «aquellos magníficos eruditos del mundo entero», entre los que él mismo se incluía y de los que se sentía parte, puesto que también llevaba a cabo experimentos y observaciones.

De la milicia a la ciencia experimental

Johan van der Wyck, ingeniero militar y tercer protagonista de este trabajo, aparece en las fuentes históricas como óptico y fabricante de lentes. No se sabe si aprendió el oficio de Steenwijck, pero es muy probable que comprase varias de sus herramientas, ya que, a la muerte de este último, los herederos vendieron todas sus pertenencias, incluido el taller.Van der Wyck fabricó varios instrumentos que atrajeron la atención de importantes estudiosos en toda Europa. De hecho, entre sus clientes destaca el célebre físico y astrónomo Christian Huygens, a quien, en octubre de 1654 envió dos lentes telescópicas pedidas por él mismo.

Llama la atención en este punto que, por los mismos años en que Van der Wyck se consolida como un óptico hábil y reconocido, comienza a ganar fuerza la carrera artística de Johannes Vermeer. De aquí que sea muy probable que este último asistiera a las demostraciones públicas de Van der Wyck, quien, además de telescopios y microscopios, fabricaba una serie de «artefactos raros» como, por ejemplo, un tipo especial de caja mágica que creaba una sensación tridimensional mediante complejos efectos de perspectiva. Existe también la posibilidad de que entre los asistentes a esas demostraciones estuviera Anton van Leeuwenhoek, el padre de la miscroscopía, quien por esas fechas había regresado a la ciudad.

Conexiones

Parece, pues, que en Delft se estaba consolidando una red de «pensadores afines» de la que tal vez Jacob Spoors fue una figura central, reconocida y respetada por sus habilidades prácticas y sus conocimientos teóricos, pero quien, además, mantenía contacto con artistas y pintores de la ciudad.

Al mirar el mapa del vecindario de Spoors, se descubre que en la misma calle o en calles cercanas vivían muchos de esos pensadores afines, entre ellos Van der Wyck y Van Leeuwenhoek. Esta cercanía queda patente también en algunas pinturas en las que se representan escenas de tipo científico: salones de curiosidades, laboratorios, comerciantes de rarezas naturales, experimentos químicos, retratos de eruditos o lecciones anatómicas. Es probable que muchos pintores visitaran la casa de Spoors y reflejaran en sus obras las actividades que allí presenciaban.

Como ejemplo de lo anterior, Zuidervaart y Rijks mencionan una pintura del artista Cornelis Willemsz de Man, la cual retrata a su primo Cornelis Anthonisz de Man, hijo de un famoso boticario y continuador del negocio de su padre. En ella se recrea probablemente una discusión sobre el fósforo, que se había descubierto recientemente (en 1669) y que fue bastante relevante para la alquimia en aquellos días. Se aprecia también un laboratorio en el fondo de la imagen. Es sabido que en la tienda del boticario se suministraban los ingredientes para las pinturas de varios artistas; por tanto, no es descabellado pensar que el lugar se convertía también en un punto de encuentro y discusión sobre diversos temas, artísticos y científicos.

Otro argumento que presentan los autores de este trabajo para apoyar su tesis es que hacia 1650 apareció una nueva clase de perspectiva en la pintura de los interiores de iglesias. Se trataba de una técnica innovadora y difícil, ya que requería buenos conocimientos en geometría y óptica. Entre los artistas que experimentaron con efectos ópticos destacó, entre otros, Johannes Vermeer. ¿Por qué estos pintores decidieron aprender tan complicadas técnicas? ¿Quién los adiestró en geometría y matemáticas? Aunque las fuentes documentales son limitadas, de nuevo, es muy probable que el maestro fuese Jacob Spoors, la figura más respetada y central de la ciudad en aquellos años.

Pero, ¿qué tuvo de especial Delft para convertirse en un nodo intelectual? Según los investigadores, ello podría deberse a una afortunada confluencia de factores. La ciudad era tanto la armería del Estado como una de las sedes de La Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Por tanto, allí arribaban ingenieros militares y oficiales navales con conocimientos en matemáticas. Esto, unido a las habilidades artesanales y los conocimientos teóricos de algunos de sus habitantes, pareció rendir buenos frutos.

Fue justamente en esa ciudad donde un pulidor de lentes (Steenwijck) fabricó exitosamente un telescopio menos de un año después de que se anunciase su invención. Fue allí también donde, en 1638, un erudito y matemático (Spoors) puso a circular ideas acerca de los desarrollos de la nueva filosofía natural; asimismo, llamó la atención sobre la percepción visual, relacionada con el comportamiento de la luz, así como con el diseño y la proporción. Fue también en Delft donde un ingeniero militar (Van der Wyck) produjo un amplio abanico de objetos ópticos sofisticados que atrajeron la atención de estudiosos de toda Europa. El hecho de que estas actividades coincidieran con un período artístico en el que los pintores experimentaban con efectos ópticos y una nueva clase de perspectiva difícilmente puede ser accidental.

Fuente: The British Journal for the History of Science. Investigación y Ciencia

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