El museo neoyorquino desafía la concepción del artista como retratista de la alta sociedad, aislado de la vanguardia cultural de su época

Durante los años que John Singer Sargent (1856-1925) desarrolló su carrera artística, a su lado explotaron el post-impresionismo, el expresionismo, el fauvismo, el cubismo, el futurismo o el dadaísmo. La historia ha colocado a Sargent como un retratista de la alta sociedad, con un realismo de talento abrumador, entroncado con los grandes maestros -de Veláquez a Tintoretto- y aislado de los movimientos -y las ideologías que cabalgaban a su lado- que cambiaron el rumbo de la pintura.

Esa imagen convencional, de trazo todavía más gordo que el pincel de Sargent, es la que ahora desafía la exposición «Sargent: Retratos de artistas y amigos» que el Metropolitan Museum de Nueva York (Met) inauguró hace apenas una semana. La muestra presenta a un Sargent intrépido, provocador y que se codeaba con la vanguardia cultural de la época. En los cerca de noventa retratos de la exposición, que estará abierta hasta el próximo 4 de octubre, Sargent experimenta con las posturas, con posados informales, con guiños a la sensualidad, al humor.

Círculo de amigos

La cercanía del pintor con el objeto de sus obras -su círculo íntimo de amigos, artistas a los que idolatraba, mecenas de sus obras- le permite ir más allá del retrato psicológico de los encargos de las elites que le adoraban. Los Vanderbilt, Rockefeller o Morgan le reclamaban para dejar una huella en lienzo en la posteridad, pero él disfrutaba acercándose a Claude Monet o Robert Louis Stevenson. Del pintor impresionista hay dos retratos en la exposición, uno de ellos un delicioso boceto en el que el artista francés respeta lo que siempre defendió: aparece pintando en el campo.

Sargent se desmelena en el Met

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«Robert Louis Stevenson y su mujer» (1885)

También hay dos obras del autor de «El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde». En una de ellas, Stevenson aparece nervioso, en pleno movimiento, escapándose del posado mientras se atusa el bigote.

Sargent buscó los círculos de artistas allá por donde pasó. Su nacimiento pilló a sus padres, expatriados estadounidenses en Europa, en Florencia. Su infancia y adolescencia las pasó de viaje, pegado a libros de bocetos, hasta que ingresó en la Escuela de Bellas Artes de París. Allí aprendió el retrato de Carolus Duran y alternó con Monet y Rodin, con el compositor Gabriel Fauré o con personajes excéntricos como el ginecólogo y coleccionista Samuel-Jean Pozzi -al que Sargent retrató con una espectacular bata roja- o la célebre Madame X. Su verdadero nombre era Madame Pierre Gautreau, una estadounidense de Luisiana, pieza fija en la alta sociedad parisina, con la que Sargent se ganó su primer escándalo: un retrato sensual, provocador, con un tirante del vestido caído sobre el hombro (después de exhibirlo en el Salón, repintó el tirante).

Sargent se desmelena en el Met

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«Grupo con sombrillas (siesta)»

El espíritu nómada de sus padres prendió en Sargent, que viajó sin descanso: Venecia, España, la campiña inglesa, Estados Unidos… En la década de 1890 ya era el retratista más demandado en Londres, la metrópolis global. Su pasión por las artes no se limitaba a la pintura; era un pianista virtuoso, que entretenía a sus clientes con el piano en los descansos de los posados, íntimo de compositores y fanático de la ópera y el teatro. De esta época, el Met recupera pinturas impresionantes, como el retrato de la actriz Ellen Terry, a la que Sargent pintó como «Lady Macbeth», en plena escena, con un vestido vaporoso en verde y turquesa. La ropa también protagoniza otro de los mejores cuadros de la exposición, el retrato del artista e ilustrador Graham Robertson, que viste un abrigo negro que quiere salirse del cuadro.

Nómina de clientes

Sargent pasó la mayor parte de su vida en Europa, aunque siempre se consideró estadounidense. Al país de sus padres acudió con frecuencia y cultivó una amplia nómina de clientes en las familias adineradas de Boston y Nueva York, así como de amigos en los círculos artísticos. Destacan de esta época un retrato provocativo y enigmático de la coleccionista Isabella Stewart Gardner -su museo es hoy una de las maravillas de Boston- y los cuadros de algunos de los mejores actores del Players Club neoyorquino. Entre ellos, el de Edwin Booth, el famoso actor de obras de Shakespeare, del que Sargent extrae su carisma y su dolor interior: su hermano, John Wilkes Booth, fue el asesino de Abraham Lincoln.

El artista dejó de aceptar encargos para retratos en 1907, pero no de pintar a sus amigos. En su madurez viajó sin descanso -desde los Alpes a Oriente Medio- y retrató a sus amigos en cuadros con composiciones ambiciosas, como la deslumbrante «Grupo con sombrillas», donde los cuerpos de cuatro amigos se entrelazan en posturas imposibles con haces de luz, en una imagen que parece, quién lo diría de Sargent, casi abstracta.

Cautivado por «La Carmencita»

Fuente: Javier Ansorena. ABC

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