• La Fundación Juan March recuerda la gira del genio por nuestro país hace 170 años.

Franz Liszt (1811-1886) ante sus 'groupies'.

Franz Liszt (1811-1886) ante sus ‘groupies’.

 

Un siglo antes de que el rock ‘n’ roll palpitara siquiera en la mente de Fats Domino y en las caderas de Elvis, Franz Liszt era ya una ‘rock star’ que recorría toda Europa de gira en gira. En cada plaza era saludado como el rey de los pianistas, era guapo y distinguido, lucía una melena que ya hubiera querido Keith Richards en sus mejores tiempos, y su figura entera desprendía un magnetismo sexual que enloquecía a las ‘grupis’ del momento.

Una caricatura de 1842 muestra al gran instrumentista ante un público de mujeres que gritan, se desmayan, intentan subirse al escenario, lo observan con unos binoculares (desde la primera fila…) y le lanzan flores mientras interpreta. Como indica el musicólogo Tim Blanning, la única diferencia entre Liszt y una estrella de la música actual estriba «en la naturaleza de los misiles» lanzados.

Cuando el maestro húngaro llega a actuar en España está a punto de cumplir 33 años. Es ya reconocido como el mayor virtuoso del piano que ha dado la historia de la música, un prodigio a la altura dePaganini con el violín. También se ha ganado fama de descortés con reyes y emperadores al tiempo que de rompecorazones, preferiblemente de damas de la alta sociedad.

Una de esas mujeres, la condesa Pauline Plater, declararía que, de los tres insignes pianistas que habían tocado en su salón, Hiller sería el menor amigo, Chopin el mejor marido y Liszt el mejor amante. La habilidad al piano no parecía ser lo que tenía en mente la condesa al trazar semejante clasificación.

Pero no fue ella la responsable principal de que Liszt acabara recalando en nuestro país, sino la condesa Marie d’Agoult. El pianista y compositor tuvo con ella tres hijos ilegítimos, uno de los cuales, Cósima, se casaría primero con Hans von Bülow y luego con Richard Wagner. A la altura de 1844 la relación, maltrecha desde hace tiempo, llega a su fin y Liszt busca refugio en la villa a orillas del Sena de la princesa Belgiojoso, desde donde se dirige a Lyon para comenzar una gira por el suroeste de Francia.

A lo largo del verano se gesta la idea de proseguir la ‘tournée’ por España, que de tres ciudades previstas llegaría a nueve, y de tres o cuatro conciertos, a casi 40. La Fundación Juan March recuerda esta gira en un ciclo que llega este miércoles a su ecuador con la actuación del pianista australiano Leslie Howard, al que acompañará la soprano madrileña Laia Falcón. Para el próximo miércoles 27 ha previsto un concierto que reproduce el programa exacto que ofreció Liszt en Madrid el 28 de octubre de 1844.

Antonio Simón, pianista y profesor del Conservatorio Superior de Málaga, profundiza en las notas al programa del ciclo en otros motivos que pudieron hacer decidirse al genio, además del mal de amores. En primer lugar, «el halo romántico -irresistible para un byroniano confeso como era Liszt- que envolvía a nuestro país en aquellos años y que despertaba un enorme interés en Europa y en particular en París».

También debió de ser relevante la influencia de amigos y conocidos que habían visitado España, como el conde Lichnowsky y el escritorThéophile Gautier, al igual que diversos compromisos financieros contraídos, el más perentorio el de contribuir a erigir un monumento a Beethoven en Bonn.

Por último, Simón hace referencia a que el maestro pudo ver en España (y Portugal) una oportunidad ideal para «tallar el elemento icónico de su persona de tal manera que le otorgaran el estatus social y artístico que perseguía», para subrayar en suma «su carácter de pionero y su aureola de conquistador napoleónico».

La gira lleva a Liszt de Madrid a Córdoba, donde el recibimiento es de auténtica locura, Sevilla y Cádiz, de donde pasa a Lisboa, en que ofrece hasta 13 recitales. De la capital portuguesa parte rumbo a Gibraltar, y de allí a Málaga, Valencia y Barcelona, donde termina el periplo bien entrado el mes de abril de 1845.

Los programas ofrecidos en España abundaban en fantasías basadas en números de ópera italiana, que dominaba por entonces nuestra escena musical, a las que el autor añadía un par de piezas de Weber o Chopin y algunas de sus propias composiciones más ligeras y efectistas, como el ‘Gran galop cromático’ con el que acostumbró a cerrar los conciertos.

El recital de en la Fundación Juan March conjuga la concepción de lo español que tenía el compositor húngaro antes de conocer nuestro país con la que se fue forjando según discurría el viaje, pues recogía al vuelo temas autóctonos para recrearlos en sus propias obras.Como escribe Antonio Simón, nadie supo integrar como Liszt «una gran parte de los fenómenos sociales y artísticos que caracterizan» al siglo XIX.

En el concierto del próximo miércoles, el pianista georgiano Nino Kereselidze reproducirá el mismo programa que interpretó Liszt en el Palacio de Villahermosa, sede del Liceo Artístico y Literario de Madrid, en su primera actuación en la Península Ibérica. La primera parte constará de la Obertura de ‘Guillermo Tell’, de Rossini, y Reminiscencias -del propio compositor- de ‘Lucia de Lamermoor’, deDonizetti, y de ‘Norma’, de Bellini.

En la segunda se interpretarán la Fantasía de Liszt sobre los motivos favoritos de ‘La sonámbula’, de Bellini; ‘Andante spianato’ y ‘Gran Polonesa Brillante’, de Chopin; e introducción y polonesa de ‘Los puritanos’, de Bellini. Para terminar, naturalmente, el ‘Gran galop cromático’ que tantas ovaciones arrancó allá donde actuara el rey de los pianistas.

Fuente: P.Unamuno. El Mundo

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