Tras narrar las perversiones de ‘Los Borgia’, Milo Manara descubre la faceta más fascinante del pintor

VANESSA GRAELL BARCELONA

El mejor culo de la historia del arte: el de ‘La Venus’ del espejo de Velázquez. «Es uno de los culos más hermosos del arte, por lo menos desde una mirada contemporánea. La estructura física de la modelo corresponde a los cánones estéticos modernos», asegura Milo Manara, que ha dibujado los cuerpos femeninos más eróticos y sugerentes de las últimas décadas. Las llamadas chicas Manara -que no sólo dibuja a lápiz, sino en acuarela y al óleo- también han entrado en la historia del arte y del cómic, siguiendo la senda de sus admirados Guido Crepax, Horacio Altuna o Jean-Claude Forest (el autor de ‘Barbarella’, la chica del espacio que, en un descubrimiento epifánico, sedujo al estudiante de arquitectura que era Manara y le impulsó a dedicarse al cómic).

Milo Manara, todo un icono del noveno arte (y del erotismo más elegante), será hoy una de las estrellas del Salón del Cómic de Barcelona, adonde llega, como siempre, en coche. Tiene pánico a los aviones. Y en esos ‘road trips’ desde Italia siempre recuerda los viajes que hacía con su maestro Hugo Pratt que solía poner ‘cassettes’ de Manuel de Falla mientras Manara conducía.

Después de publicar el transgresor ‘Los Borgia’ (Norma Editorial) con todas las parafilias y perversiones de la familia más poderosa de la Italia renacentista -«y con un evidente paralelismo con Berlusconi», decía entonces Manara- ahora lanza ‘Caravaggio’, un fascinante díptico basado en la vida y obra del pintor, gran maestro del claroscuro. Unas tinieblas -al óleo y vitales- en las que Manara se adentra para construir una historia «furiosa, trágica y generosa», como el mismo Michelangelo Merisi, nombre real del pintor, que aparece como un rebelde diestro con la espada en un cómic que podría enmarcarse en la tradición de la picaresca.

Las tabernas, las cárceles y los barrios más sórdidos de la Roma del siglo XVI son los escenarios por los que se mueve el joven Caravaggio y donde conoce a las prostitutas que tomará como modelo de sus vírgenes, santas y ‘madonnas’. «Caravaggio ha sido uno de los pintores de mujeres más extraordinario. Sus vírgenes son bellas y seductoras, a pesar de que nunca las vemos desnudas y a veces tampoco vemos bien sus rostros, como la joven con la cabeza inclinada sobre la mano en El descendimiento de Cristo», explica Manara, que reproduce con maestría y sutileza los lienzos de Caravaggio.

Los grandes iconos del arte han sido siempre la fuente de inspiración de Manara:en 2001 publicó ‘SensualitArs’. ‘La Modèle’, su particular revisión de las modelos de Klimt, Goya, Rafael o Courbet. «El erotismo de Caravaggio es más explícito en las figuras de desnudo de chicos jóvenes, pero debemos tener en cuenta que, en aquella época en Roma, no era conveniente representar desnudos de mujeres. Incluso los desnudos masculinos de Caravaggio, en realidad, eran encargos privados de cardenales y príncipes», asegura Manara. Y recuerda que muchos de sus lienzos fueron «rechazados y acusados de herejía». Es el caso de ‘La muerte de la Virgen’, que causó un gran escándalo y que la Iglesia quería mandar a la hoguera, pero la providencial intervención de Rubens salvó el cuadro, que hoy se expone en el Louvre. En el cómic, Manara narra cómo Caravaggio tomó como modelo a una prostituta asesinada para pintar a la virgen muerta, todo un sacrilegio. Arte, sexo, violencia y muerte pintan su particular Caravaggio.

Fuente: Vanessa Graell. Barcelona

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