El monasterio donde Felipe II reunió obras maestras del pintor holandés se suma a los actos del V Centenario de su muerte

 

 

 

El Bosco está indisolublemente ligado a Felipe II –fue su mayor coleccionista– y el Monasterio de El Escorial, adonde fueron llegando algunas de sus obras maestras por orden del Monarca, procedentes en su mayoría de las colecciones de Felipe de Guevara y Fernando de Toledo, hijo de Fernando Álvarez de Toledo, gran duque de Alba. Así, en 1574 «ingresaron» la «Mesa de los Pecados Capitales», «La Adoración de los Magos», «Cristo con la Cruz a cuestas», «El Carro de Heno» y varias escenas de «Las Tentaciones de San Antonio». Hubo un segundo envío, en 1593, cuando se compraron en la almoneda de Fernando de Toledo «La coronación de espinas» y «El Jardín de las Delicias». Dan buena fe de la donación de todos estos Boscos unos Libros de entregas que conserva el Monasterio.

Con estos antecendentes era evidente que Patrimonio Nacional no podía quedar al margen de la celebración del V Centenario de la muerte del maestro, al que se suma con una pequeña exposición en las Salas de Honores del Monasterio de El Escorial, donde también cuelga «El Calvario», de Van der Weyden, tras su restauración. De las tres tablas expuestas, tan solo una es aceptada por la crítica como autógrafa del Bosco: «Cristo con la Cruz a cuestas» (1505-1507). A partir del 31 de mayo abandonará esta exposición para unirse a otra: la que el Prado dedicará al artista y que será la más completa realizada hasta la fecha sobre El Bosco. Como compensación, el Prado prestará al Monasterio dos obras bosquianas, que, paradójicamente, proceden de El Escorial:son copias de los laterales del «Tríptico de las Tentaciones de San Antonio», del Museo de Arte Antiga de Lisboa.

Tapices y «Libros de entregas»

 Las otras dos tablas que cuelgan en la exposición son del taller del Bosco. Por un lado, «El Carro de Heno». Se trata de la versión que adquirió Felipe II a los herederos de Felipe de Guevara, tras su muerte en 1560. Este tríptico se exhibe por primera vez tras su restauración, que ha corrido a cargo de María Teresa y Rocío Dávila. Los trabajos han permitido adscribirlo como réplica del taller del Bosco y no una copia tardía de «El Carro de Heno» que atesora el Museo del Prado, también adquirido por Felipe II. La tercera tabla de la muestra es «La coronación de espinas», que destaca por su originalidad: su formato es redondo y presenta a Cristo mirando fijamente al espectador en una escena de gran dramatismo. Está datado después de 1516, tras la muerte ese año del pintor. Su taller continuó trabajando. Se cree que en este caso partía de un modelo perdido del Bosco.

La muestra incluye un conjunto de cuatro tapices, inspirados en obras del pintor holandés, según cartones atribuidos a Pieter Brueghel el Viejo. Se conoce esta tapicería, una de las más famosas de Patrimonio Nacional, como«Disparates del Bosco» o «Caprichos de Brueghel». Finalmente, encerrados en vitrinas, tres libros. En uno aparece un grabado con un retrato del Bosco, obra de Cornelis Cort. Los otros son dos de los Libros de entregas de Felipe II a El Escorial. Uno de ellos se muestra abierto por la página 156, donde queda patente que el Rey dona al Monasterio «El Jardín de las Delicias». Idea que Alfredo Pérez de Armiñán, presidente de Patrimonio Nacional, se encargó ayer de resaltar.

Patrimonio Nacional se mete en un «Jardín»

El Prado y Patrimonio Nacional sellaban en diciembre la paz con un acuerdo que determinaba que dos obras del Bosco, una de Tintoretto y otra de Van der Weyden se quedaban finalmente en el Prado. El museo ha colaborado de forma especial en esta exposición. Hermandad rubricada con la asistencia al acto de ayer, desde primera fila, del triunvirato de la pinacoteca: José Pedro Pérez-Llorca, Miguel Zugaza y Miguel Falomir, presidente del Patronato, director y director adjunto del museo, respectivamente. Pero, visto lo visto y oído lo oído, parece que la luna de miel ha llegado a su fin.

José Luis Díez, director de Colecciones Reales y exconservador del Prado, se metió en un «Jardín», que no era de las delicias precisamente. Habló de la «Mesa de los Pecados Capitales», una de las obras que enfrentó a las dos instituciones y a la que, además, un comité holandés ha retirado la autoría del Bosco, junto a otras dos tablas del Prado, provocando un agrio debate entre el museo español y el Bosch Research and Conservation Project. Díez elogió el «magnífico trabajo» llevado a cabo por este comité con los Boscos de Patrimonio Nacional, al tiempo que hurgó en la herida, restando importancia a la atribución de la «Mesa de los Pecados Capitales», que el Prado defiende a capa y espada. No considera José Luis Díez determinante para su valoración que «sea entera de la mano del Bosco o una pierna o un rostro sean de la mano del taller. La idea es donde realmente está El Bosco y en este caso es un Bosco al 300%».

Pérez de Armiñán incidió en la misma línea. No considera capital, ni cree que cambie la calidad de una obra realizada en torno a 1500, ni añada nada a su apreciación artística, el hecho de que sea totalmente autógrafa o no:«Es una deformación de nuestra época insistir tanto en este punto». Ofreció a las autoridades del Prado la posibilidad de que se pronunciasen. Muy diplomáticamente, declinaron hacerlo.

Fuente: Natividad Pulido. ABC

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