España está presente en Tefaf con cinco galerías, que exhiben desde esculturas de Pedro de Mena, el «Bernini español», hasta un escudo de armas de Fernando el Católico

No es muy numerosa la armada española presente en la 28 edición de la feria de Maastricht (cinco galerías), pero sí exhiben en sus «stands» obras destacadas. López de Aragón recibe a los visitantes con un espléndido escudo de armas de Fernando el Católico, en mármol blanco, de grandes dimensiones. Falta, en su parte superior, el águila que lo coronaba. Se cree que fue obra de los franceses. Fechado entre 1505 y 1512, procede de Italia. El Monarca se marchó en 1505 a Nápoles y Sicilia. En el escudo, explica Diego López de Aragón, aparecen Jerusalén, Anjou y Hungría, pero no Navarra, lo cual ha permitido datar la pieza con precisión. «Es la obra más importante que hemos tenido nunca en la feria», explica el anticuario. Su precio: 600.000 euros. Procede de Italia y hace un año fue importada a España. Ha sido ofertada a una quincena de museos extranjeros. «No creo que sea una pieza para España, sino para una institución internacional», advierte. Muy cerca, un impresionante retablo de Arnau de Bruselas.

En el «stand» de Caylus hay a la venta dos obras que han lucido en las salas del Museo del Prado en sendas ocasiones. Por un lado, unaminiatura de Murillo, pintada sobre cobre por las dos caras. En una luce «San Francisco de Paula en oración». En la otra, «El sueño de San José». Tiene un marco del siglo XIX. Su precio: 475.000 euros. Formó parte de la exposición «Murillo y Justino de Neve», que tuvo lugar en la pinacoteca en 2012. Como contó ABC en su día, la obra, en cuya cartela ponía «Colección privada. Cortesía Galería Caylus»,desapareció sorprendentemente de las salas del Prado durante unos días. Después volvió a aparecer, pero con una cartela distinta: la colección propietaria había pasado a ser británica. ¿Qué había pasado? Explican los dueños de la galería que la obra, cuando llegó a la exposición del Prado, ya estaba vendida a un fondo de inversión británico. Pero que, como la licencia de exportación -concedida por la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes Culturales, la misma que denegó la salida de España de la carta de Colón de la Fundación Casa de Alba- tan solo duraba un año, hubo que sacar la pieza de España durante unos días para que no expirara la licencia. Insisten en que «no se vendió el Murillo durante la exposición del Prado», que no se utiliza el Prado para revalorizar las obras, pero que hubo que sacar esta pieza durante unos días simplemente por un trámite burocrático: expiraba la licencia de exportación. Explican los propietarios de Caylus que se habló tanto con el Prado como con el Ministerio de Cultura de la posibilidad de que se quedara en el museo todo el tiempo que duraba la exposición y quese prorrogara excepcionalmente la licencia de exportación, pero se denegó. No era posible legalmente. «Esto solo ocurre en la legislación española. En otros países se otorga un pasaporte que dura diez años».

Confirman los galeristas que, cuando se solicitó al Ministerio de Cultura el permiso de exportación para esta obra, aún no estaba atribuida a Murillo. Quizá de haberlo estado no se le hubiera concedido la licencia. Eso ya nunca lo sabremos. Fue el historiador del arte Enrique Valdivieso, cuentan, el primero que lo atribuyó a Murillo en «París Tableau». «Es un Murillo como la copa de un pino», comentan que dijo. «Después se sumaron otros expertos a esta atribución, como Guillaume Kientz, conservador de pintura española del Louvre. Y fue Peter Cherry quien le habló a Gabriele Finaldi de esta obra, que incluyó en la exposición del Prado. Hasta entonces solo se conocía documentalmente que Murillo había hecho miniaturas, lo cual abrió una línea de investigación sobre este artista».

También tiene el pedigrí de haber colgado en el Prado un bodegón de Juan Fernández «El Labrador», un enigmático artista, muy popular por pintar obsesivamente uvas, del que apenas se conservan siete obras y al que el museo le dedicó una exposición. Su precio: 1,1 millones de euros. «Fue el primer pintor de bodegones español que se coleccionó fuera de España», explican los galeristas. De hecho, la Reina de Inglaterra atesora dos de las obras de este pintor. Las demás están en el Prado, en colecciones privadas de España y Holanda y Caylus tiene en venta dos (una en Tefaf). Nos explican que se han caído las atribuciones de dos que tenía el Prado, una del Museo Cerralbo –se ha descubierto la firma de Miguel de Pret- y otra de la Colección Naseiro. Caylus ofrece en la feria seis lienzos de Vicente López y una «Virgen de la Soledad», de Pedro de Mena. «La escultura barroca española era poco conocida internacionalmente hasta la exposición que le dedicó hace unos años en la National Gallery de Londres», apuntan.

Precisamente, un «San Pedro de Alcántara» del escultor español, considerado el Bernini español, está a la venta en Coll & Cortés, junto a otras piezas como «Dama orante», de José de Mora; un busto romano del XVIII de Carlo Albacini… La presencia española en Tefaf se completa con Artur Ramon, que exhibe obras de Picasso, Miró y Dalí, y Deborah Elvira, que entre sus fondos cuenta con una destacada cruz relicario de oro del siglo XVII.

Fuente: ABC

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