• Tomás Marco relaciona en un curso obras literarias y musicales con su propio contexto en un ciclo en la Casa del Lector.

De izquierda a derecha, arriba, Thomas Mann y Gustav Mahler. Abajo,...

De izquierda a derecha, arriba, Thomas Mann y Gustav Mahler. Abajo, Francis Scott Fitzgerald y George Gershwin.

Toda obra artística es hija de su tiempo, y algunas de ellas pueden pasar por hermanas dado el clima común que las inspira. El compositor y ensayista Tomás Marco (Madrid, 1942) ya indagó en este juego de parentescos, concretamente entre las obras literarias y musicales y la relación de ambas con su momento histórico, en el libro de 2008 ‘Historia cultural de la música’, y ahora ese mismo leitmotiv alienta el curso que está impartiendo en la Casa del Lector de Madrid con el título de ‘Un libro, una música, un momento’.

Compuesto de 10 ponencias, a razón de una por semana hasta el próximo 18 de marzo, el ciclo nace de una sugerencia del propio Marco al director de la Casa del Lector, César Antonio Molina, viejo conocido suyo desde los tiempos de Diario 16. Como explica el compositor, la lista de asociaciones entre literatura y música podría extenderse tanto como permita la imaginación del ponente, que cita como de pasada la interesante idea de disertar sobre las numerosas obras que tratan del drama de ‘Romeo y Julieta’.

Podría resultar atractivo, quién sabe, recrear la relación entre los escritos de Manzoni y las óperas de Verdi o entre las soflamas filosóficas de Nietzsche y las musicales de Wagner. Mozart bien podría tener como pareja a E.T.A. Hoffmann, y Thomas Mann, aMahler, a quienes ya reunió Luchino Visconti allá por 1971 empleando el famoso ‘Adagietto’ del austriaco como perfecta ilustración musical del clima exquisito y ambiguo que inundaba la novela ‘Muerte en Venecia’.

El curso impartido por Tomás Marco dio comienzo con la evocación de las guerras napoleónicas a través de la novela de Stendhal ‘La cartuja de Parma’ y de la ‘Sinfonía Heroica’, de Beethoven, que se la dedicó inicialmente (antes de que se autoproclamara emperador) a Napoleón Bonaparte.

Además de describir el contexto histórico y artístico, Tomás Marco lo relacionó con los conceptos básicos -que no siempre son explicados de una manera sencilla- del pensamiento de la filosofía deSchopenhauer, en especial, aquel de tradición kantiana según el cual todo lo ajeno al sujeto existe sólo en cuanto representación, así como su invocación de la voluntad de vivir (‘Wille’ en alemán) que inspiraría la conocida voluntad de poder de Nietzsche.

A pesar de lo que sugiere el párrafo anterior, Marco demuestra una loable capacidad divulgativa ante los 12 matriculados en el curso y elude los tecnicismos, particularmente los musicales, salvo cuando se impone aclarar que la ‘Rhapsody in Blue’ de Gershwin tiene poco que ver con el color azul sino con un estado anímico próximo a la melancolía y, sobre todo, con el efecto armónico que se atribuye precisamente a la llamada blue note.

Para aligerar los contenidos y dotarlos de un carácter aún más multidisciplinar, el compositor ofrece no sólo pasajes de las partituras y los libros escogidos sino también fragmentos de películas sobre la época. Algunas de las sesiones no pueden evitar cierta densidad, como la dedicada a indagar en la cultura rusa, a caballo entre la occidentalización y lo ancestral, y en el sentido eslavo de la culpa, para lo que recurrió a ‘Los hermanos Karamazov’, de Dostoievski, y la ‘Sinfonía nº 5’ de Chaikovski. Pocos músicos más atormentados que éste por la culpa de ser homosexual, por mucho que las autoridades rusas se hayan gastado un buen pellizco últimamente en sufragar una película cuyo único objetivo es demostrar que era normal.

El paso del impresionismo al simbolismo en Francia y la filosofía del fin de siglo estuvieron ilustrados por los versos de ‘La siesta de un fauno’, de Mallarmé, y el correlato musical de Debussy en su ‘Preludio para la siesta de un fauno’, mientras que el ambiente de fin de época que se respiraba en Europa central por las mismas fechas emergió de las explicaciones sobre ‘Las tribulaciones del joven Törless’, de Robert Musil, y la ‘Canción de la tierra’ de Mahler.

Otro poema, el ‘Orlando furioso’ de Ludovico Ariosto, dio pie a Marco a profundizar en el ideal caballeresco del Renacimiento al Barroco y en las figuras de Amadís de Gaula y Don Quijote, en una sesión en que los asistentes pudieron escuchar las notas de la ‘scena’ deMonteverdi ‘El combate de Tancredo y Clorinda’, mucho menos conocidas que las de ‘Orfeo’ o ‘La coronación de Popea’.

La conferencia que abría la segunda parte del curso estuvo dedicada a ‘El gran Gatsby’, la novela de Francis Scott Fitzgerald que abanderó la generación ‘flapper’ (la misma que Gertrude Stein bautizó como perdida), y a la ‘Rapsodia en azul’ de George Gershwin, obras ambas que dibujaban los años felices del jazz y el charlestón prefigurando también los nubarrones que descargarían en el crack del 29.

En la siguiente sesión, Marco abordó las ‘Soledades’ de Góngora junto a la misa ‘O magnum mysterium’ de Tomás Luis de Victoria, el más excelso creador español de música religiosa, y en la próxima (miércoles 4) se adentrará en la expansión universal del Imperio británico por medio de la novela de Kipling ‘Kim’ y los acordes de ‘Pompa y circunstancia’ de Edward Elgar.

Para la penúltima conferencia reserva Marco a Unamuno, con su ‘Vida de Don Quijote y Sancho’, y a Falla y ‘El retablo de Maese Pedro’, que le darán ocasión de disertar acerca de la España de la decadencia y el redencionismo del 98.

Como fin de fiesta, la irrupción de la psicología en la interpretación artística y las equivalencias entre la frase literaria y la musical a través de la prosa de Marcel Proust y la ‘Sonata’ de César Franck.

Fuente: El Mundo

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