El jefe del Departamento de Pintura Española del Prado participó ayer en Sevilla en la clausura del simposio internacional sobre el artista

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Benito Navarrete, John Marciari y Javier Portús, ayer en la clausura del simposio sobre el joven Velázquez en Sevilla

Javier Portús, jefe del Departamento de Pintura Española del Museo del Prado, considera que «La educación de la Virgen» no reúne los elementos suficientes como para atribuirlo a Velázquez: «No llega al nivel exigible a este artista». Ayer participó en una mesa redonda en la clausura del simposio «El joven Velázquez».

–La mayoría de los participantes en el simposio consideran que esta pintura es de Velázquez. Sin embargo, otros como Jonathan Brown niegan que sea del pintor. ¿Cuál es su postura?

–Es fundamental saber de quién son los cuadros, pero junto a la autoría están los propios cuadros. Este, independientemente de su autor, es una obra muy interesante para saber qué se estaba haciendo en Sevilla en los años 20 del siglo XVII. También es interesante la relación que guarda con Roelas, con la obra de Velázquez e incluso una parte de esta pintura se relaciona con Zurbarán, sin que esto quiera decir que sea de Zurbarán. Me refiero a la solución de la mesa en la parte izquierda del cuadro, y sobre la mesa, el plato y la vasija de cerámica roja, que es algo que veremos a lo largo del tiempo en Zurbarán.

–¿Y qué puede tener de Velázquez?

–La obra permite su comparación con numerosas cosas delVelázquez sevillano. En la composición hay tres personajes y una mesa como punto de referencia, que es algo que veremos varias veces en elVelázquez de sus primeros años. Se pueden comparar las cabezas y las manos con las de otras pinturas, el libro con el que aparece en el «Santo Tomás» de Orihuela, e incluso la indumentaria empleada. Ese tipo de comparación lo sitúa en la órbita de Velázquez, pero también revela un grado de calidad distinto al de Velázquez, incluso teniendo en cuenta el mal estado de conservación de la obra. Es una cuestión de composición, de redacción y de coherencia interna. En mi opinión, el cuadro refleja distintos momentos de la maduración de Velázquez en Sevilla. La cabeza de la niña respondería a un momento muy temprano, mientras que la figura y la cabeza de Santa Ana reflejan lo que Velázquez está haciendo en los años 1619 y 1620.Esa incoherencia yo no la encuentro en las obras sevillanas de Velázquez, que son todas muy coherentes.En el cuadro de Yale veo personajes distintos que responden a estadios distintos de madurez del pintor. No es una obra, pues, que anuncie al Velázquez posterior, sino que lo veo como una secuela de Velázquez.

–¿Podría ser, como apunta el profesor Valdivieso, una pintura de Juan Velázquez o de un pintor desconocido?

–Eso seguro. De la etapa sevillana de Velázquez conservamos en torno a una docena de obras. Alrededor de ellas hay muchas copias y variaciones.Son obras velazqueñas que no responden con el nivel de calidad de este maestro. No se puede estudiar este cuadro pensando solamente en Velázquez y sin tener en cuenta lo que hay alrededor.

–¿Opina como Jonathan Brown que esta obra sea un pastiche?

–Si comparamos ciertos detalles similares con otros cuadros de Velázquez, eso revela una calidad inferior, no solo desde el punto de vista de la redacción, es decir, la escritura pictórica, sino también desde la composición. A lo mejor el Velázquez de Sevilla no domina la perspectiva lineal aún, pero es muy ordenado al plantear sus cuadros. En los cuadros sevillanos es fácil hallar un orden interno común a esas pinturas. Pero en «La educación de la Virgen» ese orden se transforma en ruido, porque hay un abigarramiento de elementos que se yuxtaponen pero que no están en orden.

–A pesar del deterioro, la imagen de la cara de la Virgen niña no parece tener la calidad del Velázquez maestro…

–Cuando Velázquez ensaya la fórmula que utiliza en la Virgen, que es un personaje muy monumental y en primer término, lo hace en torno a 1618 ya muy avanzado y a 1619 con cuadros como los de «Los apóstoles», «La Epifanía» o con «La adoración de los Magos». Es un momento posterior a cuando Velázquez está usando la mismo tipología craneal de la niña. En ese sentido hay una serie de discordancias que no concuerdan con la imagen que tengo de Velázquez.

–¿Cree que se va a sacar algo en claro sobre el cuadro en este simposio?

–Hay que agradecer la iniciativa de traer el cuadro hasta aquí. El haber organizado unas jornadas es el mejor homenaje que se puede hacer a Velázquez o a esta pintura. Además, todos los expertos hemos podido manifestar nuestras opiniones, aunque sean contrarias. Lo más importante de este simposio es que le va a dar visibilidad a esta obra. Aunque no se arroje luz sobre la autoría del cuadro, sí se hará sobre el contexto del mismo. El interés de esta pintura no se acaba en la cartela que se le ponga.

Fuente: ABC

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