Fernando Durán saca a subasta por 350.000 euros el óleo de Marinus Van Reymerswaele, una pieza única y admirada en toda Europa

San Jerónimo entra en escena

Un personaje aislado, en primer plano. La rigurosidad de los objetos que encuadra: códices, una calavera que refleja la caducidad de la vida, varios escritos enrollados, el crucifijo, la vidriera… Tan minuciosos y precisos como la exactitud con la que recoge cada una de las texturas de los ropajes y las arrugas de este santo ermitaño que enfoca la imagen. La cara, los nudillos, las venas que sobresalen de su piel. Colores ocres, verdes oliva, violetáceos y bermellones. Y, sobre todo, las manos. Son éstas las que delatan al autor. Su firma. No hay duda de que esos dedos finos y alargados, garras en ocasiones, han salido de su pincel, del de Marinus Van Reymerswaele (1490-1546). Todas ellas son características que se reúnen en este «San Jerónimo en su estudio», cuadro de este flamenco que navega entre las corrientes del realismo nórdico y las influencias del Renacimiento italiano que iban llegando a sus tierras.

Un hombre tan codiciado como desconocido, por la inexactitud de los datos que se han conservado de él. Aunque el protagonista estos días es su cuadro, el cual saca a subasta Fernando Durán en menos de una semana: el lunes 28. De la obra se sabe que antes de decorar durante 40 años el salón de su actual dueño perteneció a una importante familia jerezana del XIX y, antes, a algún convento u otro propietario privado. «Probablemente sea la pieza más importante que sale a puja este invierno en Madrid», comenta Paloma Durán –directora de la casa– para dar constancia de la magnitud de la cita. Es este San Jerónimo, «humanista y sereno» –dice–, sin duda, el centro de atención del lote de Pintura Antigua.

Firma infrecuente

Tanta ha sido la expectación, que durante su exposición en Velázquez 4 (Madrid) –donde permanecerá hasta el mismo día de su venta, con un precio de salida de 350.000 euros– ha atraído la atención de expertos de media Europa, como los directores del Groeningemuseum de Brujas y de los museos de Aquisgrán, Till-Holger Borchert y Peter van den Brink –respectivamente–, que han colaborado en parte de la catalogación de la pieza. Junto a otros, como Adri Mackor y Alice Taatgen, han certificado que este óleo sobre tabla es suyo, de Marinus, y lo datan a principios del siglo XVI, en torno a 1520.

Especial detalle han puesto en la inscripción que aparece en la vidriera de la parte izquierda del cuadro, en la que se puede leer la inscripción «Opus+Marini» (Obra de Marinus), leyenda que dota de especial valor a este original por ser una de las pocas obras firmadas por el artista. Así como el escudo de armas –también en el cristal– de la antigua de ciudad de Reymerswaele, desaparecida bajo las aguas en 1631. «Están emocionados en Europa», resume Paloma Durán. Y es que la firma de este autor es de las que cuelgan de los mejores museos del continente, Prado y Louvre, entre ellos.

Porque ésa es la altura de este Marinus que acoge momentáneamente Fernando Durán antes de pasar a manos de su nuevo dueño, probablemente privado. Por lo que contemplarlo estos días se convierte en una ocasión única.

Las claves

– «San jerónimo en su estudio» Óleo sobre tablas de roble, con inscripción. 62 x 80 cm.

– La manos son una de las firmas inconfundibles de Marinus Van Reymerswaele. Dedos finos y alargados.

– El detalle de la imagen también pone en relieve su autoría. Un realismo que se ve en las arrugas de la piel y en la ropa.

– La firma. Pocos cuadros de Marinus la llevan. Éste, sí.

Fuente: J. Herrero. La Razón

 

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