• La muestra, que se inauguró el sábado en Oslo y que viajará en septiembre a Ámsterdam, indaga por primera vez, a través de un centenar de obras, en las similitudes y conexiones entre ambos genios desconsolados

 

Exposición Vincent Van Gogh y Edvard Munch. MARÍA FLUXÁ (imagen y edición) | KAREN BUJES (edición)

 

Los caminos de Vincent Van Gogh (1853-1890) y Edvard Munch (1863-1944) nunca se cruzaron. De hecho, la exposición ‘Van Gogh + Munch’, que el sábado se inauguró en el Museo Munch de Oslo, es la primera ocasión en la que ambos artistas, considerados como los padres del Expresionismo, coinciden en una muestra exclusiva, dedicada a indagar en lo más profundo de sus similitudes y conexiones.

Por su mensaje emocional, expresado con un estilo personal e innovador, pero también por sus vidas desconsoladas, ambos pintores han sido recurrentemente comparados, tanto académica como popularmente. Así, esta exposición, que se ha gestado en los últimos cinco años en una estrecha colaboración entre los Museos Munch de Oslo y Van Gogh de Ámsterdam, surge precisamente de la confusión entre ambos en la imaginación popular.

«La principal razón (de la muestra) podría ser un estudio realizado en el Museo Van Gogh, en 2008, en el que cuando analizaron las cuestiones más frecuentes se quedaron algo sorprendidos al ver que muchos de los visitantes estaban extrañados de que algunos de los más famosos cuadros de Van Gogh no formaran parte de la colección del museo», explicó el comisario noruego Magne Bruteig el jueves en Oslo. «Esperaban ver ‘La noche estrellada’, ‘El autorretrato con oreja vendada’, ‘La terraza de café por la noche’ y…», continuó Bruteig, «‘El Grito'».

Un error razonable

«Esto puede hacernos sonreír, sin embargo, muestra que la gente, gente que ama el arte, gente lo suficientemente interesada como para visitar un museo», añadió Bruteig en referencia a la pinacoteca de Ámsterdam, que el año pasado recibió 1,6 millones de visitantes, de los cuales el 80% son extranjeros, «ven un vínculo inmediato entre el arte de Van Gogh y el de Munch. Y aunque esta exposición va más allá, pues hemos buscado similitudes y paralelismo sin negar sus diferencias, ¿qué hemos encontrado? No ha habido descubrimientos sensacionales, me temo; pero sí muchas piezas pequeñas que al juntarlas nos permiten pensar que los visitantes que echaron en falta ‘El Grito’ no estaban, después de todo, tan desencaminados», concluyó.

‘El Grito’, de hecho la que se supone es la primera versión (existen cuatro lienzos además de una litografía), junto con el poema que Munch dibujó explicando el origen de su obra más icónica, colgará por fin en el Museo Van Gogh, cuando la muestra se traslade a Ámsterdam el próximo otoño. Y con él 77, obras más de ambos artistas, así como 10 de sus escritos, correspondencia incluida. Además, para contextualizarlos y comprenderlos, la muestra incluye obras de Seurat, Toulouse Lautrec, Monet, Manet, Millet y Gauguin, entre otros.

Y mientras ‘El Grito’ dialoga con ‘El Puente de Trinquetaille’, que Van Gogh pintó en Arlés, actualmente en manos privadas; ‘La Noche Estrellada sobre el Ródano’, proviniente del Museo de Orsay, lo hace con la Noche Estrellada que Munch pintó en su residencia de Ekely, a las afueras de Oslo. Pero éstos son sólo algunos de los paralelismos de la muestra que resaltan, de un modo evidente, la enorme inspiración que el noruego -«quien virtualmente absorbía todo lo que había a su alrededor»; según Bruteig- encontró en el trabajo de Van Gogh, pero también una afinidad que reside en «cómo combinaban la simplicidad y la complejidad en su vocabulario visual», según reza la exposición.

‘La casa amarilla’ de Van Gogh se sitúa por primera vez junto a ‘La enredadera de Virginia roja’ de Munch, evidenciando un común atrevimiento en el uso del color. Otros paralelismos visuales sobre los que se articula la exposición son la estilización, la composición y uso del espacio, la aplicación de la pintura, así como la estructura de su obra, con un espacio dedicado a los ambiciosos proyectos pictóricos que ambos desarrollaron. En el caso de Munch se trata del ‘Friso de la Vida’, mientras que en el caso de Van Gogh se presentan obras de su -menos conocido, tal vez- ‘Décoration’.

Vidas paralelas

Pese a que nunca se conocieron, existen recurrentes coincidencias en sus trayectorias vitales, según muestra la exposición. Ambos decidieron convertirse en artistas el mismo año, en 1880, cuando uno se matriculó en la Academia Real de Bellas Artes de Bruselas y el otro en el Colegio Real de Diseño de Kristiania (hoy Oslo). Ambos viajaron a París y Amberes al mismo tiempo; ambos crecieron en similares circunstancias religiosas, y ambos padecieron existencias dramáticas. La de Munch, en menor medida, aunque también estuvo internado a raíz de una crisis nerviosa en Dinamarca.

Y tal vez de ello surge la afinidad más esencial entre Van Gogh y Munch: «El hecho de que su arte fuera el modo de controlar la esencia y el significado de vivir. Nada más. Nada menos. Ellos se preguntaron las grandes y eternas cuestiones sobre las que nadie tiene respuesta, pero el significado recae en la pregunta», añadió el comisario noruego quien, finalmente, no pudo estar acompañado por su homóloga holandesa, Maite van Dijk. «Fueron artistas con una misión. Ellos, fuertemente, sintieron que tenían algo que decir y buscaron herramientas pictóricas y códigos visuales para transmitir su mensaje, sus sentimientos, del modo más directo», concluyó Bruteig.

De Oslo a Ámsterdam

La muestra, que inauguraron la reina Sonia de Noruega y la princesa Beatriz de los Países Bajos, es la segunda de una serie de seis con la que el Museo Munch de Oslo pretende a lo largo de los próximos dos años presentar al pintor noruego en relación con otros artistas. Este ambicioso proyecto, en el que también está involucrado el estudio arquitectónico Snøhetta -responsable de la Ópera de la Ciudad, de la Biblioteca de Alejandría o el Memorial del 11S de Nueva York-, que participa en el diseño de las exposiciones y catálogos, comenzó el pasado enero.

Entonces compartieron protagonismo -y polémica- Munch y Bjarne Melgaard, su nieto (artístico) más escandaloso. Tras Van Gogh, Munch se las verá con su archienemigo, el noruego Gustav Vigeland. Después, vendrán los estadounidenses Robert Mapplethorpe y Jasper Johns, para finalizar con el danés Asger Jorn. Con el propósito de hacer relevante el legado de Munch en la actualidad estas exposiciones apuntan, además, a la práctica que será habitual en el futuro Museo Munch. Éste, previsto para 2019 a la orilla del fiordo, corre a cargo del estudio arquitectónico del español Juan Herreros, para el que en Oslo sólo tienen buenas palabras.

La exposición se lanzará en el Museo Van Gogh de Ámsterdam el próximo 25 de septiembre como uno de los platos fuertes de las celebraciones Van Gogh 2015, que conmemoran el 125 aniversario de la muerte del pintor un 29 de junio de 1890. La llegada de estas cien obras, muchas de las cuales raramente se prestan, coincide con la reapertura del Ala de Exposiciones del museo, recientemente renovado. Su director, Axel Rüger, que viajó hasta Oslo para la inauguración de la muestra, se mostró expectante ante el éxito asegurado de esta exposición que reúne «a dos iconos» tremendamente popular.

Fuente: María Fluxá. El Mundo

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