El descubrimiento del experto Matías Díaz Padrón ha sido confirmado por la Real Academia de Arqueología e Historia del Arte de Bélgica.

 

 

 

Durante más de tres siglos, la iglesia de La Purísima de Salamanca ha tenido un Rubensen el retablo que decora su altar sin saberlo. Así lo afirma Matías Díaz Padrón, el que fuera conservador jefe de pintura flamenca del Museo del Prado durante muchos años, ya jubilado. Para probarlo acaba de publicar un artículo en la Revue Belge d’Archeologie et d’Histoire de l’Art, editada por la Real Academia de Arqueología e Historia del Arte de Bélgica, en el que demuestra que el San Agustín meditando sobre el misterio de la Santísima Trinidad que acompaña a la imponente Inmaculada Concepción, de José de Ribera, es obra del maestro del barroco flamenco.

Díaz Padrón ha atendido a este periódico y ha relatado el proceso de estudio de la pintura que llevó a cabo. “En primer lugar, decir que me dediqué a investigar el origen de esta obra durante veinte, o treinta años, sería mentir, porque no estuve centrado exclusivamente en eso. Los investigadores solemos trabajar en varias cosas al mismo tiempo. A veces tienes sospechas de algo, pero no tienes pruebas; sabes con años de antelación la autoría de una obra anónima, y simplemente no puedes probarlo. Así que te dedicas a otra cosa hasta que encuentras tiempo para dedicarte más a fondo al tema en cuestión”, ha explicado.

Se topó por primera vez con el San Agustín hace varias décadas, mientras preparaba su tesis doctoral, y rápidamente notó su “calidad monumental”. “Lo que más me llamó la atención fue que saltaba a la vista que era una pintura flamenca, mientras que las otras cuatro que conformaban el retablo eran italianas”. Aquello no era algo corriente, y podía deberse a varios factores. “Rápidamente acudí a los registros y comprobé que el retablo llevaba en la iglesia desde el propio siglo XVII (un dato muy importante, además) y que todas sus pinturas habían sido clavadas en aquella época, es decir, que todas habían llegado a España simultáneamente”.

La construcción de la iglesia de La Purísima de Salamanca estuvo promovida por el conde de Monterrey, que, en palabras de Díaz Padrón, “quiso mostrar su poderío implantando un trocito de Italia en Castilla. Tenía una buena colección de pinturas italianas, muchos Riberas que mandó traer a España, pero es difícil explicar cómo llegó a Salamanca también un Rubens”.

Hallazgos importantes

Díaz Padrón revisó todos los registros que encontró que pudieran arrojar luz sobre el asunto. Él ya tenía la sospecha de que, muy probablemente, el cuadro fuese obra del genio flamenco, sin embargo, comprobó que nadie a lo largo de la historia se había atrevido a asegurarlo. “Los primeros registros lo catalogaban como un cuadro italiano más; después, con las visitas de varios viajeros y estudiosos, llegaron a decir que era obra de un discípulo de Rubens, pero ahí se quedó todo”. Tuvo que ser varios años después, en una de sus visitas a la Biblioteca Nacional de Amberes, cuando encontró casi por casualidad un grabado idéntico al San Agustín salmantino, en el que el grabador corroboraba que se trataba de un Rubens. “Fue como encontrar una aguja en un pajar. Algo prácticamente milagroso; una casualidad inaudita”.

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Grabado del San Agustín encontrado en la Biblioteca Nacional de Amberes

Aquella era la prueba definitiva que demostraba aquella intuición que tuvo en sus años de estudiante, pero no todo acabó ahí. Hubo una casualidad más. “Hace muy poco la casa Sotheby´s incorporó en una de sus subastas un boceto de un San Agustín anónimo. Resulta que se trataba de uno de los que realizó Rubens antes de pintar la obra que se encuentra en Salamanca. Es idéntico al grabado que encontré en Amberes, y solo varía con el de La Purísima en que el santo aparece con la cabeza cubierta. Cuando avisé a la casa de mi hallazgo retiraron la obra de la subasta y al poco la vendieron por mucho más dinero del que lo habían tasado en un principio”.

El misterio del Rubens entre cuadros italianos

El experto en arte flamenco también logró responder a la pregunta de cómo llegó a Castilla esa obra flamenca. “El cuadro no figura en el inventario de Monterrey, pero resulta que llegó por otro camino”, explica. “Su hija se casó con D. Luis Domingo de Haro, que fue gobernador de Flandes, y que adquirió el Rubens y lo trasladó a Salamanca para completar el retablo de la iglesia de La Purísima”.

Para acabar, Díaz Padrón quiso restarle importancia al hallazgo: “Este ha sido un descubrimiento más, de los tantos otros que he realizado y que realizan mis colegas todos los años. Simplemente ha tenido más repercusión mediática”, concluyó.

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